A las 2 son las 3

Los niños han notado el cambio horario. Me cuesta entender que 60 minutos puedan modificar conductas, pero ha pasado.

La primera mañana con la hora nueva el niño se ha despertado como siempre, a las 7am. Las 7 viejas, las 8 nuevas. ¿Por qué no decimos sencillamente la hora que vemos y ya está?
Pero ¡Oh, milagro! ha percibido que algo era diferente y para sentirse seguro ha decidido engancharse a mi como un koala. Hemos estado una hora abrazados, estirados en el sofá, le he acariciado, he recordado cuando pesaba 1/4 parte de lo que es ahora, le daba el pecho y hacíamos la siesta juntos. ¡Está tan mayor y sigue siendo tan pequeño! ¡Y le pesa tanto la cabeza!

En momentos como éste me pregunto si dentro de unos años se dejará abrazar. ¿Será el típico que dirá Mamá, cuando estén mis amigos no te hagas la simpática, o No hace falta que me besuquees fuera de casa?

La niña, que también nos repetirá una cancioncilla similar, ha hecho marca personal de siesta. ¡4 horas! La de cosas que puedes hacer en 240 minutos, sobre todo si los niños se hubieran sincronizado.

Esperaremos el próximo cambio de hora, a ver si tenemos un poco más de suerte.

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