Un sueño hecho realidad

Los niños han dormido tres noches seguidas de un tirón. Hemos flipado.
Al principio dudas si ha pasado o lo has soñado el rato que has cerrado los ojos.
Cuando el milagro se repite notas que estás de más buen humor, hemos dormido de verdad, los cuatro tenemos legañas.
El tercer día te vas a la cama con miedo, quieres creer que puede volver a pasar pero no puedes confiar demasiado en ello. ¿Por qué tendríamos que seguir con la buena racha? ¿Qué ha cenado el niño que sólo se despierta a medianoche pidiendo un biberón y le satisface hasta que suena el despertador? ¿Ha cambiado la presión atmosférica? ¿Las sábanas tienen un color extravagante? ¿Alguien los hipnotiza?
Supero el temor inicial y respiro profundamente. Me repito que no hace falta pensar qué puede pasar las próximas horas. Tranquilidad, la mente en blanco, cierro los ojos y que sea lo que Dios quiera. ¡¡¡ Y Dios ha querido que por tercer día consecutivo descansemos!!! Estoy tan espitosa que voy en manga corta, aunque hace frío. Intento recordar como vivía cuando nadie interrumpía mi sueño. No hace tanto pero la intensidad nocturna agota tanto que apostaría que han pasado dos lustros.

El expendedor de noches plácidas se ha esfumado.
Tres noches. Sólo tres.

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